
Viejos caminos que conducen a ninguna parte
recorren el cálido sabor de la nostalgia
de quienes son forjados en recuerdos perdidos,
sin ver lo que es evidente a los sentidos.
Por ellos voy, con mi bagaje de sueños a cuestas
buscando historias olvidadas entre nubes de algodón;
o tal vez un corazón, que dosifique mis deseos
de poder correr el velo que no los deja ver.
Hay en el camino una grieta
en la que nadie quiere caer;
pues valor hay que tener
para llegar a tocar fondo,
pero quien consigue tenerse en pié
allí, en lo más hondo,
encontrará otra vida
en un nuevo amanecer.
La vida es un eterno desafío,
vívámosla en consecuencia…


