jueves, 17 de septiembre de 2009

A mi viejo.




Cae el día, entre nubes y claros
el sol palidece ante mis ojos,
dejando tras de sí
imágenes de un tiempo sin fin.

Vagos recuerdos me invaden
con tenues luces,
alimentadas de viejas sensaciones
que percibo ahora con nostalgia.

Sus olores distraen mi atención;
Ajeno a todo estímulo real
me dejo llevar en un mar de sueños,
intentando encontrar entre sus olas
un camino que me lleve hacia ti.

Es que te has ido sin quererlo
y no he podido despedirte.

Descansa de la vida
en la que tanto has sufrido
para enseñarnos el camino de la bondad;
nos has dado todo cuanto has podido y más,
y te has olvidado de ti…

Orgullo es una palabra pobre
para expresar lo que siento por ser tu hijo;
Aunque la vida haya consumido tus días aquí
sé que tu alma abriga la mía,
y desde mi corazón pido perdón
por no estar contigo en la partida.

Y me ha quedado en el tintero
por el cruel destino lo no dicho;
Viejo, siempre serás el más grande,

VIEJO, TE QUIERO.

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